Diez años de Asociación Estratégica Integral Chile-China: comercio récord, dependencia profunda y la asignatura pendiente del litio refinado
En noviembre de 2016 Bachelet y Xi firmaron 12 acuerdos en Santiago. Una década después Chile es el sexto socio comercial de China en el mundo — y el único país sudamericano que profundizó dos veces su TLC. La cuenta no es lineal.
El 22 de noviembre de 2016 la presidenta Michelle Bachelet y el presidente Xi Jinping firmaron en Santiago la declaración conjunta que elevó las relaciones bilaterales a Asociación Estratégica Integral — la categoría máxima que China reserva para socios con relación sólida y perspectivas de desarrollo conjunto — junto con 12 acuerdos sectoriales que abarcaron infraestructura, conectividad, intercambios humanos y cooperación multilateral. Chile fue el sexto país sudamericano en alcanzar ese estatus, después de Brasil, Argentina, Venezuela, Perú y Ecuador. Un año después, en noviembre de 2017 durante la cumbre APEC de Vietnam, Heraldo Muñoz y el ministro de Comercio chino Zhong Shan firmaron el Protocolo de Profundización del Tratado de Libre Comercio — Chile se convirtió en el primer país del mundo en profundizar un TLC con China — incorporando seis capítulos renegociados más dos nuevos sobre medio ambiente y e-commerce. La hoja de ruta se completó con el Plan de Acción Conjunta de 2015 renovado en 2019, la visita de Gabriel Boric a Beijing en octubre de 2023 con la firma de 13 nuevos acuerdos y una inversión china de US$233 millones en litio anunciada en esa visita, y la reunión Boric-Xi al margen de APEC Lima en noviembre de 2024. En 2024 el intercambio bilateral total alcanzó US$58.791 millones — alza del 6,1% — y en el primer cuatrimestre de 2026 China concentró el 36,66% de las exportaciones chilenas con US$16.385 millones (+23,59%). Las exportaciones de litio crecieron 147,7% en ese mismo cuatrimestre frente a 2025; las de cerezas frescas cayeron 40,5%.
La década 2016-2026 cristalizó tres dinámicas que ningún documento oficial chileno-chino enuncia con claridad pero que el dato comercial muestra sin ambigüedad. Primera dinámica — concentración acelerada: en 2016 China ya era el principal socio comercial de Chile con cerca del 28% de las exportaciones; en 2026 esa cifra cruzó el 36,66% y sigue subiendo. Para comparación, Estados Unidos concentra hoy alrededor del 14% y la Unión Europea cerca del 11%. Chile pasó de ser un país con exposición alta a China a ser un país con dependencia estructural — el umbral académico de dependencia comercial suele ubicarse en 30% de exportaciones a un solo destino, y Chile lo cruzó ya. Segunda dinámica — captura por commodity primaria: cobre concentra todavía cerca del 45% del valor exportado a China, litio entre 6,5% y 12% según trimestre, cerezas 2,4%-4%, salmón 6%-7%, celulosa 2,8%. La canasta exportadora chilena a China sigue siendo abrumadoramente extractiva-primaria, sin la diversificación industrial que el TLC de 2006 prometía empujar. El Protocolo de Profundización de 2017 incorporó capítulos de servicios, e-commerce y medio ambiente, pero el dato real es que el ingreso por servicios desde China representa menos del 3% del intercambio bilateral. Tercera dinámica — asimetría de inversión: las inversiones chinas en Chile crecieron desde activos puntuales en 2016 — Pacific Hydro, ENEX, líneas de transmisión — a un portfolio amplio en 2026 que incluye Tianqi en SQM con el 22% del capital, COSCO Shipping en puerto San Antonio, China Three Gorges en Rucalhue, BYD evaluando refinería de litio en Mejillones, State Grid en transmisión eléctrica nacional, y participación china creciente en cobre vía empresas mineras de mediano tamaño. Las inversiones chilenas en China en el mismo período son marginales — la cuenta capital es de una sola vía. El gobierno de Sebastián Piñera no ejecutó plan de diversificación. El gobierno de Gabriel Boric firmó 13 acuerdos nuevos en 2023 pero priorizó descarbonización y agenda climática sobre gobernanza de la dependencia. El nuevo gobierno de José Antonio Kast designó el 26 de mayo de 2026 al diplomático Alfonso Silva — con 11 años de carrera en Washington — como embajador en Beijing, en señal pragmática de continuidad económica con orientación geopolítica hacia Estados Unidos.